lunes 27 de octubre de 2008

Película: El niño con el pijama de rayas

En enero de 2006 el escritor irlandés John Boyne publica su quinta novela El niño con el pijama de rayas, una historia sencilla en su forma, aunque situada en un periodo histórico terrible.

Bruno es un niño alemán de 8 años que vive en Berlín junto a sus padres y su hermana durante la Segunda Guerra Mundial. Su padre es un militar que acaba de ser ascendido a comandante y ello conlleva que tenga que mudarse con su familia a vivir fuera de la ciudad, ya que a sido asignado al campo de concentración de Auschwitz. Bruno se encuentra lejos de sus casa y hecha mucho de menos a sus amigos e incluso la escuela, así que en los largos tiempos libre se dedica a su gran pasión, explorar. Un día y a pesar de tenerlo prohibido, Bruno sale por el patio de atrás de la casa y tras mucho andar llega a una granja que había visto anteriormente por su ventana. Allí conocerá a otro chico de su misma edad, Shmuel, un extraño chico muy pálido y delgado, que va rapado y siempre se pasea en un extraño pijama de rayas. Enseguida se hacen amigos, pero aunque Bruno quiere invitarlo a su casa, Shmuel le dice que no puede salir de donde esta. Finalmente todos sus encuentros serán separados por una valla electrificada. Al cabo de un tiempo Shmuel le dice a Bruno que su padre ha desaparecido y este se propone a ayudarle, poniéndose un pijama de rayas para pasar inadvertido y colándose por debajo de la valla y así poder encontrar al padre de Shmuel. Mientras los dos niños están buscando al desaparecido, unos soldados entran en los barracones y se llevan a todos los que están dentro, incluidos Bruno y Shmuel, a un barracón hermético donde los niños piensan que están para protegerse de la lluvia, pero nada más lejos de la realidad.

Primero, y antes de hacer mi valoración, me gustaría dejar claro que no he leído la novela de John Boyne, así que toda mi crítica se basa única y exclusivamente en la película.

La historia es sencilla, sin pretensiones, pero con una fuerza y crudeza fuera de lo común para una película que en un principio parece destinada a un publico más juvenil. El ritmo es un poco pausado, incluso para algunos puede ser lento, pero el guión de Mark Herman (supongo que gracias a la novela) sabe cubrir todos los tiempos con momentos y diálogos interesantes, sobre todo entre los dos niños.

La dirección de Mark Herman es bastante artesanal, sin un estilo muy acentuado, pero quizás es lo mejor para la historia, ya que nos encontramos más ante una película de guión que de dirección. Lo que si me gustaría destacar del apartado técnico son dos cosas, la fotografía del francés Benoît Delhomme, con una gama de colores apagados, que dan un tono de tristeza constante a la película y el diseño de producción de Martín Childs, recreando con gran sencillez la época en que se basa la historia, con bellos decorados creados por el húngaro Gábor Nagy, pero también con acertados exteriores.

La música de James Horner es bastante buena, pero sinceramente no es de sus mejores obras porque cuando sales de la película no hay ninguna pieza que consigas recordar o que se haya quedado grabado en tu memoria. Cumple su cometido, pero me hubiera gustado encontrar una de esas bandas sonoras que te deseas comprar solo salir del cine.

Los actores son tema aparte, para mi es lo que consigue que el interés de la película no decaiga en ningún momento. Los jóvenes Asa Butterfield (Bruno) y Jack Scanlon (Shmuel) consiguen, pese a su juventud, componer dos personajes de una credibilidad y humanidad notables, sabiendo imprimir ternura o tristeza según sea necesario. De los mayores me gustaría destacar a David Thewlis, como el padre de Bruno, que a pesar de tratarse de un soldado Nazi, consigue que puedas llegar a entenderle un poco, aunque cuando tiene que ser odioso, Thewlis sabe dotarlo de esa maldad. La madre, protagonizada por Vera Farmiga protagoniza alguno de los momentos dramáticos más destacables de la película, demostrando un talento notable.

Para finalizar me gustaría comentar que gente que ha visto la película y anteriormente también había leído el libro coincide en que la adaptación es bastante fiel, con pocas diferencias y no demasiado importantes, aunque en lo que bastantes difieren es en la emoción que desprende la película, muy inferior para algunos que en el libro. Aunque yo creo que más que causar menos emoción que el libro, lo que pasa es que los que ya han leído la novela de John Boyne saben su final y quieras o no ya no sorprende como cuando se leyeron el libro por primera vez, es como ver una película dos veces, cuando sabes el final ya no emociona tanto.

En definitiva, nos encontramos ante una película notable, con grandes actuaciones, una hermosa, aunque gris fotografía y una dirección correcta, para una historia dura pero emotiva, triste pero hermosa, y que aunque ya hace mucho tiempo de su base histórica, son cosas que nunca deberían olvidarse, para intentar que no vuelvan a pasar.